La primera mitad del encuentro resultó sumamente disputada, con Garziglia intentando establecer su ritmo y mover a su rival con pelotas profundas. Sin embargo, Cascante se mantuvo firme desde el fondo, aguantó las embestidas en los momentos de mayor presión y logró dar el zarpazo letal en el cierre de la manga para quedarse con el parcial por un ajustado 6-4. Ese quiebre tardío terminó siendo un golpe psicológico fundamental para el desarrollo de la noche.
Lejos de encontrar resistencia en el segundo capítulo, el partido se tiñó de forma definitiva con los colores de Andrés Cascante. Con la confianza por las nubes y una precisión quirúrgica en cada uno de sus ataques, el vencedor anuló por completo las variantes de un Garziglia que se quedó sin respuestas físicas ni anímicas. Con un categórico 6-0, Cascante le bajó el telón al pleito, asegurando un triunfo inobjetable que lo posiciona de gran manera de cara a las próximas instancias del certamen romano.