El arranque del pleito mostró una versión descollante por parte de Queija, quien saltó a la pista principal con una sintonía fina envidiable. Dominando los intercambios desde el fondo con impactos profundos y tomando la iniciativa con su drive, el ganador desarboló por completo el esquema defensivo de su rival para abrochar la manga inicial por un contundente 6-1. Sin embargo, la historia dio un vuelco absoluto en el segundo parcial; Haberman ajustó las devoluciones, minimizó sus errores no forzados y emparejó el trámite a base de un juego tan físico como inteligente, devolviendo la gentileza con un trabajado 3-6 que forzó el desempate.
Con las pulsaciones al máximo y la clasificación al filo de la navaja, los dos tenistas entregaron sus últimas energías en el definitivo Super Tie-Break. Fue en ese terreno abonado para las mentes frías donde Lucas Queija recuperó la lucidez táctica en el momento de mayor presión; arriesgando con determinación buscando las líneas y contragolpeando con precisión quirúrgica, el vencedor logró edificar una brecha letal. Con un definitivo 10-5, Queija le bajó la persiana a una batalla de alto voltaje y se metió en los cuartos de final con el ánimo por las nubes.