El compromiso se puso en marcha con una versión demoledora por parte de Saffioti, quien saltó a la pista principal exhibiendo una sintonía fina envidiable. Dominando los intercambios desde el fondo con impactos profundos y tomando siempre la iniciativa, el ganador desarboló por completo el esquema defensivo de su rival para adjudicarse la manga inicial por un contundente 6-1. Sin embargo, la historia dio un vuelco absoluto en el segundo parcial; Álvarez ajustó las devoluciones, minimizó drásticamente sus errores no forzados y emparejó el trámite a base de un juego tan físico como inteligente, devolviendo la gentileza con un trabajado 3-6 que forzó el desempate.
Con las pulsaciones al máximo y la clasificación al filo de la navaja, los dos tenistas entregaron sus últimas energías en el definitivo Super Tie-Break. Fue en ese terreno abonado para los corazones templados donde Fernando Saffioti recuperó la lucidez táctica en el momento de mayor presión; arriesgando con determinación buscando las líneas y contragolpeando de manera quirúrgica cuando la pelota más quemaba, logró edificar una brecha letal. Con un definitivo 10-7, Saffioti le bajó la persiana a una batalla de alto voltaje, metiéndose en los cuartos de final con el ánimo por las nubes.