El deporte blanco tiene esa maravillosa y cruel capacidad de alterar el destino de un partido en apenas un par de games. Quien asistió a las canchas de El Abierto para presenciar el duelo de la 3a categoría de Wimbledon 2026 fue testigo directo de un giro argumental absoluto, donde Diego Rattagan pasó de sufrir los embates tácticos de su rival a desplegar un tenis total, dejando con las manos vacías a un Mario Fernández que había edificado una ventaja prometedora pero terminó diluyéndose ante la reacción del ganador.
La primera mitad del libreto le perteneció por completo a Fernández. Con una precisión milimétrica en sus golpes cruzados y un ritmo pesado que maniató las opciones defensivas de su oponente, Mario impuso condiciones desde el vestuario, concretando los quiebres justos para abrochar el primer parcial por 3-6. La tendencia parecía mantenerse en el segundo capítulo, pero Rattagan ajustó las clavijas a tiempo: empezó a acortar las transiciones, varió los efectos con pelotas más altas y forzó los errores de un Fernández que empezó a perder terreno. Con los dientes apretados, Diego se anotó un estratégico 6-4 y mandó la definición al terreno del drama.
El epílogo del compromiso, lejos de la paridad esperable para un tercer set, se transformó en un monólogo absoluto y voraz. Con el envión psicológico de la remontada a favor,
Diego Rattagan borró de la cancha a su rival en el Súper Tie-Break, soltando latigazos de derecha y mostrando una efectividad demoledora en cada bola corta que entregó Fernández. Sin dar el más mínimo margen de recuperación y metiendo un sprint final de novela, Rattagan estampó un categórico
10-1 en el desempate para cerrar el bolso con una sonrisa gigante y el pasaporte a la siguiente fase en el bolsillo.