Hay partidos que se quiebran desde la primera pelota por la abrumadora diferencia de marchas entre un jugador y otro. Las canchas de El Abierto fueron testigos de esa tónica en la 8a categoría de Wimbledon 2026, donde Emiliano Mouriño firmó una actuación con tintes de monólogo al derrotar con llamativa solvencia a Federico Olivera. El vencedor no le dio tiempo a su oponente ni de acomodarse en la pista, imponiendo una intensidad física que transformó lo que prometía ser un duelo parejo en un trámite exprés.
El parcial de apertura mostró a un Olivera intentando resguardarse en el fondo de la cancha y apostando a tiros altos para contener las embestidas iniciales. Sin embargo, Mouriño saltó al terreno con el chip de ataque completamente encendido; castigó cada bola que flotó en el centro del rectángulo y empezó a marcar la pauta con derechas invertidas sumamente hirientes. Consiguiendo los quiebres necesarios en el momento justo y mostrando una altísima efectividad con su primer servicio, Emiliano embolsó el set por 6-3.
Esa ventaja inicial terminó de soltar el brazo de Emiliano Mouriño y desinfló por completo las intenciones de reacción de un Federico Olivera visiblemente superado. Lejos de sacar el pie del acelerador para regular el desgaste, el ganador profundizó su dominio en la segunda manga con transiciones rapidísimas hacia la red y sutiles variantes que descolocaron los desplazamientos de su rival. Sin ceder terreno y ganando sus turnos de saque casi sin despeinarse, Mouriño le bajó la persiana al encuentro con un aplastante 6-1, metiéndose en la siguiente ronda con excelentes sensaciones en su raqueta.