Hay pasajes en los que el tenis deja de ser un deporte de golpes pulidos para convertirse en un pulso psicológico de pura supervivencia. Quienes se acercaron a las pistas de El Abierto para presenciar el cruce de la 8a categoría de Wimbledon 2026 asistieron a una verdadera prueba de resistencia emocional, donde Gustavo Smolkin tuvo que recurrir a la última reserva de su tanque de reserva para doblegar a un aguerrido Ezequiel Forcellati en un partido que necesitó de tiempo extra para encontrar a su dueño.
El primer tramo de la contienda mostró a un Smolkin sumamente concentrado, enfocado en mover la pelota de lado a lado y castigar las dudas iniciales de su rival. Con tiros certeros a las esquinas y mucha serenidad para resolver en la red, Gustavo marco la diferencia justa que le permitió adueñarse de la manga inicial por 6-4. No obstante, Forcellati no tardó en reaccionar: en el segundo chico soltó la mano, tomó el control absoluto desde la devolución y arrastró al ganador a una maraña de errores, estampando un apabullante 2-6 que devolvió la paridad al marcador.
La historia desembocó inevitablemente en la ruleta del Súper Tie-Break, donde la tensión se volvió tan densa que podía cortarse con un hilo. Intercambiando puntos espectaculares y levantando pelotas de partido en ambos lados, el desempate estiró su agonía más allá de las cifras habituales. En el umbral del infarto, con el marcador igualado en diez, Gustavo Smolkin mantuvo la cabeza fría para ejecutar dos impactos quirúrgicos desde el fondo, abrochando un agónico 12-10 que desató el desahogo total y certificó su pasaporte a la siguiente fase.