El arranque del pleito mostró la mejor versión táctica de Barberi. Con un servicio punzante y una aceleración constantes con el drive, Barberi le impuso la velocidad al juego y desmanteló la defensa de su oponente para adjudicarse el primer parcial por un sólido 6-3. Sin embargo, la historia cambió radicalmente de rumbo en el segundo capítulo: Misuraca ajustó la mira, empezó a ganar los peloteos largos y desorganizó el esquema de Barberi, estampando un 2-6 incontestable que mandó todo al terreno de las definiciones dramáticas.
El súper tie-break se transformó en un ida y vuelta electrizante que paralizó a los espectadores alrededor de la cancha. Ninguno logró sacar diferencias holgadas y la bola de partido flotó en el aire para ambos lados; fue en ese microclima de pura tensión donde Damián Barberi mantuvo la frialdad necesaria para sostener un peloteo clave en la red y abrochar un infartante 11-9 que desató su desahogo en la noche de El Abierto.