El partido se puso en marcha con un monólogo absoluto por parte de Lee, quien saltó al terreno con las luces encendidas y una velocidad de pelota que descolocó por completo a su rival. Ochoa intentó plantar bandera buscando regularidad en los peloteos largos, pero el ganador estuvo intratable con su derecha, abriendo ángulos punzantes y quebrando el servicio ajeno de manera consecutiva para estampar un rotundo 6-1 que encendió las alarmas en el banco de enfrente.
Lejos de conformarse con la ventaja o dar margen a una posible reacción, Fernando Lee sostuvo la intensidad táctica y física de cara al segundo capítulo. Con un juego de red impecable cada vez que decidió presionar y mostrando una solidez granítica desde el fondo, minó por completo la resistencia de un Alejandro Ochoa que arriesgó buscando las líneas pero no logró encontrarle la vuelta al pleito. Manteniendo una frialdad notable para bajar la persiana en los games decisivos, Lee decoró el definitivo 6-2 para sellar su victoria con sensaciones inmejorables.