Cuando las distancias en el juego son mínimas y el nivel de tenis roza el equilibrio absoluto, la diferencia entre quedarse afuera o meterse entre los cuatro mejores de un torneo se reduce a saber jugar con el marcador a favor. En la caldera de tensión que significaron los Cuartos de Final de la 4a categoría del Mundial CT 2026, Lucas Queija se calzó el traje de finalista anticipado en las canchas de El Abierto tras inclinar una balanza sumamente equilibrada frente a un durísimo Jorge Rocha, quien jamás bajó los brazos en una batalla táctica de primer nivel.
El choque comenzó con un libreto sumamente físico, donde cada punto se asemejaba a una partida de ajedrez sobre polvo de ladrillo. Rocha propuso un juego de pelotas pesadas, buscando el revés de su oponente y tratando de forzar el error con cambios constantes de altura; sin embargo, Queija estuvo impecable en la cobertura de la cancha, defendiendo con siles muy bajos y contraatacando con tiros planos en cuanto la bola quedaba corta. Esa fineza para elegir el momento del zarpazo le permitió quebrar el servicio de su rival en el momento justo para abrochar el primer chico por un reñido 6-4.
La paridad no dio tregua en el segundo capítulo, transformando el pleito en un drama de nervios templados donde mantener el saque propio cotizaba en bolsa. Lejos de replegarse ante la reacción herida de Jorge Rocha, Lucas Queija apeló a la solidez de sus primeros saques y a una notable lucidez para resolver los puntos en la red. En el desenlace de la manga, cuando la presión del pase a semifinales quemaba las raquetas, Queija volvió a encontrar la rendija perfecta con un quiebre milimétrico para calcar el marcador con otro 6-4, sellando una clasificación de enorme valor mental que lo deposita en la penúltima ronda del certamen.