El arranque del encuentro mostró un dominio apabullante por parte de Sarda, quien impuso condiciones desde el primer minuto, leyó con precisión quirúrgica los espacios y dejó sin respuestas a un López Giberti completamente maniatado que se despidió del primer parcial con un lapidario 0-6. Lejos de entregar las armas o bajar los brazos, la historia dio un vuelco drástico en el segundo set: Mariano reordenó su estrategia, ajustó los errores no forzados y comenzó a dictar el pulso de los intercambios largos hasta nivelar las acciones con un trabajado 6-4.
Con el voltaje emocional al límite, el desenlace quedó supeditado a la ruleta rusa de un súper tie-break no apto para cardíacos. En esa zona de máxima presión donde cada error se paga caro, Mariano López Giberti templó los nervios, arriesgó con su derecha en los momentos calientes y firmó un agónico 11-9 que desató la algarabía en las gradas. Una victoria titánica cimentada en el carácter y la convicción.