El amanecer del pleito mostró la cara más afilada de Palomino, quien saltó al court con las ideas clarísimas y una aceleración desmedida en sus tiros. Con un servicio sumamente punzante que le facilitó los puntos rápidos y una devolución voraz sobre el segundo saque ajeno, Luciano maniató por completo a Gentile y abrochó la primera manga con un categórico 6-1 que parecía presagiar un desenlace expeditivo.
Sin embargo, Patricio Gentile se rehízo en el segundo capítulo, adelantó su posición en la pista y apretó los dientes para llevar la lucha al terreno de la paridad absoluta. El juego se volvió golpe a golpe, sin margen para los errores, desembocando en un tie-break cargado de dramatismo. Fue en esa instancia límite donde Luciano Palomino volvió a marcar la diferencia: conservó la serenidad en los rallies más extenuantes, jugó con margen sobre las líneas y abrochó el 7-6 definitivo para abrochar su pasaje a la gran final.