Gustavo Smolkin arrancó su participación en Beijing como una verdadera nave. En la primera ronda de la 8ª categoría, disputada en El Abierto, superó a Matías Cham por 6-0 y 7-5, en un partido que tuvo dos caras completamente diferentes. Durante el primer set, Gustavo parecía tener respuesta para todo: atacaba desde cualquier sector de la cancha, encontraba buenos ángulos y bombardeaba a su rival sin darle demasiado tiempo para acomodarse. El 6-0 fue el reflejo de un comienzo arrollador.
Pero sostener semejante ritmo no era tarea sencilla. Con el correr de los games, Smolkin empezó a perder esa explosión del arranque y Cham aprovechó para meterse de lleno en el partido. Matías encontró más espacios, comenzó a discutir los puntos y transformó lo que parecía una victoria encaminada en un segundo set mucho más complicado. Gustavo ya no tenía la misma energía ni la facilidad para definir, y tuvo que empezar a buscar otras maneras de mantenerse por delante.
El cierre fue una prueba de resistencia. Con bastante menos combustible que al principio, Smolkin tuvo que administrar lo que le quedaba, elegir mejor cuándo atacar y evitar que Cham terminara de dar vuelta el desarrollo. Finalmente encontró la diferencia necesaria para cerrar el 7-5 y quedarse con la clasificación. Gustavo empezó jugando a toda velocidad y terminó llegando con lo justo, pero llegó. Una victoria que demuestra que, cuando se acaba la potencia, todavía queda lugar para la experiencia y las ganas de ganar.